Contaban con el mármol y la memoria

“…antes del período llamado barroco […], el escritor, el autor más bien, iba a depositar su palabra en otro medio que se le aparecía como más seguro y permanente: mármol, o alguna otra materia consistente. O bien, contaba con la memoria de las gentes que las repetirían cantadas, o entonadas, en las largas veladas, o en la Plaza del lugar, como el Arcipreste, o en los salones del castillo o del palacio, en lectura en alta voz, o en el refectorio del convento. Contaban con el mármol y con la memoria, donde indeleblemente quedarían grabadas para siempre.

Mientras que el escritor que se inicia en el período barroco ha dejado ya, por lo pronto, de contar con el mármol o con ninguna otra preciosa materia, y aunque sueñe con ser oído, parece contar menos con la memoria, es decir: con ese medio continuo y permanente –la memoria de la historia–. Parece haberse liberado de la historia, absorbiéndola en sí, siendo él mismo este pensamiento en el aire viviente de la historia”.

María Zambrano en el prologo a las “Fronteras infernales de la poesía” de José Bergamín (Huerga y Fierro, Madrid, 2008).

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